Los señores

La cabeza de un señor

Se dice que los había en abundancia por las calles españolas. Eran animales muy de ir a misa pero quedarse fuera fumando cigarros malolientes, muy de casarse y andar de putas feas con culos respingones. Los señores olían a rancio y a multitud de cosas, a colonia hecha a base de almizcle y alcohol, a tabacazo, a sudor reseco, a mierda vetusta de ingle varonil. Galantes y bebedores, jugadores de mus, de dominó, de petanca, siempre actividades que no requiriesen deshacerse de la barriguita, ya que antes se hacían los trajes a medida. Los señores eran muy de hablar rápido y con voz nasal, declamando tonterías en El Retiro, con los bigotes engomados, parpadeando y girando la cabeza en todas direcciones como los pájaros. De vez en cuando, se peleaban, pero eran peleas a cámara rápida y causaban risa, con sus resbalones y sus traspiés, agitando los puños con los ojos desorbitados… Ah, los señores.

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